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Educación de calle
Existen por todo el mundo adultos (profesionales o voluntarios) que se implican cotidianamente en la calle, en los barrios y en el campo con el objetivo de aportar en el espacio de vida de los excluídos, acompañamiento, educación, sostén, escucha, información o consuelo desde una perspectiva de emancipación social.
Se les llame trabajadores sociales de calle, educadores y/o animadores de calle, trabajadores de proximidad, trabajadores de medio abierto, " detached workers " o " street workers ", todos ellos (todas ellas)se implican regularmente y de forma resuelta sobre el terreno para ofrecer a unas personas que padecen hambre, abandono y desigualdad social, servicios de calidad en dónde lo humano, el respeto al otro y la confianza, constituyen las piedras angulares de esta acción.
Para estos agentes se trata de ser accesibles con facilidad para niños, jóvenes y adultos que viven en condiciones de precariedad y bajo múltiples formas de exclusión.
Estas personas están especialmente bien colocadas para constatar los efectos secundarios de un tipo de globalización en dónde los " no-productivos " son a menudo abandonados a su suerte.
Desde hace ya más de 15 años, los trabajadores de calle (educadores de calle) se reúnen alrededor de varios proyectos se reúnen ya sea en seminarios de formación o en el marco de intercambios humanitarios con jóvenes.
En estas ocasiones, aparece de forma recurrente que :
- Al educador de calle le faltan herramientas prácticas y teóricas en relación a su espacio de trabajo y a su encargo de educación informal y no formal. Pocas investigaciones científicas hacen la ligazón con la práctica.
- El colectivo de niños de la calle está poco o nada afectado por los dispositivos educativos existentes. Por lo tanto participa apenas en la construcción de la sociedad de mañana.
- La opinión pública y algunos poderes públicos se hacen falsas representaciones del fenómeno de los niños de la calle. En algunos casos, los programas destinados a niños-jóvenes de la calle no cuentan con su participación activa. Lo mismo sucede para el colectivo de adultos.
- Los educadores de calle utilizan aún muy poco las nuevas tecnologías de la información.
- La educación de calle se conoce muy mal y está poco reconocida por su utilidad social, sobre todo con su dimensión de emancipación social y de educación informal/no-formal.
- No existe ningún sistema de intercambio y de solidaridad, ningún sistema de información o de formación específica de los educadores de calle.
Todas estas diferentes problemáticas son muchas veces observadas sobre el terreno por los educadores de calle. Diferentes investigaciones van en el mismo sentido.
Recientemente la Fundación Rey Balduino, la Fundación Soros y el Banco Mundial han publicado recomendaciones sobre esta materia (programa común de la Fundación Rey Balduino y la Fundación Soros en partenariado con el Banco Mundial : " Niños de la calle-Niños en las calle " - Junio de 1999).
Así, a pesar de ser un ámbito rico en innovación y en creatividad
este tipo de intervención queda como sus destinatarios : marginado.
Una simple puesta en red permite intercambios de prácticas muy productivos pero sobre todo lleva a los educadores de calle a tomar un poco de distancia con el fín de encajar su acción dentro de una globalidad.
El aislamiento de los educadores de calle es también sinónimo de encerramiento. En efecto, estos agentes tienen enormes dificultades para organizarse a nivel internacional, ya sea por falta de información, ya sea por falta de referencias, el caso es que el niño y el educador de calle no se imaginan que existen otras cosas fuera de su barrio, de su calle.
Las realidades del Norte o del Sur son ciertamente diferentes y las prioridades tampoco son las mismas. Pero no obstante, se deriva de nuestra experiencia en red, la construcción de una verdadera identidad colectiva movilizada alrededor de desafíos parecidos, de lo que está en juego a la vez en el nivel local e internacional en la lucha contra la pobreza y las discriminaciones.(Ver Jean Blairon, en Actas del forum internacional de los actores clave de los menores y del trabajo de calle- Dynamo International- Noviembre de 2002).
Así, una puesta en red constituye una estrategia de movilización solidaria en dónde el conjunto de partenaires ganan tanto en el intercambio como en la construcción de nuevas perspectivas sociales, educativas y de desarrollo humano sostenible. Una apuesta sostenida porque compartimos una misma experiencia sobre el terreno.
Los niños de la calle
Un reciente estudio de Naciones Unidas estimaba que el número de niños de la calle en el mundo llegaba a los 150 millones. A principios de los años 80 sólo se hablaba de 30 millones.
Pero más allá de estas cifras catastróficas, es una realidad que esta evolución nos hace temer que un buen número de niños no conocerán nunca los efectos, que les corresponderían, de la puesta en práctica de los derechos promovidos por la convención de los derechos de la infancia.
Para muchos europeos, son las imágenes de los jóvenes brasileños que viven en las calles de Río de Janeiro, repetidas por los medios de comunicación, las que simbolizan a los niños de la calle.
Para la opinión pública, los niños de la calle son niños absolutamente sin cobijo (ver Los niños de la calle, Editorial Consejo de Europa-1994).
En el Norte como en el Sur, este tipo de menores constituyen una excepción, aunque nos inquiete hoy en día su número creciente.
A lado de esta minoría, existen menores (de 0 a 18 años) que, aunque tengan asegurada la manutención y la casa, conocen condiciones de vida cada vez más precarias y se enfrentan a formas de exclusión cada vez más insidiosas.
Considerados como víctimas de abuso o maltrato, o considerados como delincuentes, como fuente de problemas o incluso como amenaza (ver los niños-soldado o los niños-brujos), los niños son abordados todos los días como un problema.
Hoy en día, el estigma de los " niños de la calle " tiene profundas consecuencias. De hecho, los responsables políticos locales e internacionales no se confunden : dar una respuesta a estos menores y a la opinión pública se ha convertido en una cuestión política mayor en todo el mundo.
Más allá de los debates, de la indiferencia general o de las respuestas a menudo inapropiadas, represivas o tecnocráticas, es el lugar que ocupan los menores en nuestras sociedades lo que hoy está en cuestión.
¿Vamos hacia una sociedad " apartheid de niños " ?
De Norte a Sur, las nuevas fronteras de la educación, del bienestar y del desarrollo se dibujan ya en las grandes ciudades y metrópolis.
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